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	<title>Rafael Bautista, Author at AWASQA</title>
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		<title>Pensar el mundo desde Bolivia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael Bautista]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jul 2020 00:54:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Decolonizando el Pensamiento]]></category>
		<category><![CDATA[Sin categorizar]]></category>
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<p><em>DE LOS EDITORES: Bolivia, antes de Evo, durante su gobierno y aún después del golpe de estado, es un universo complejo para ser entendido sin haber vivido allí. Por eso recurrimos a Rafael Bautista, filósofo indígena boliviano, que hace un análisis profundo de la realidad política de su país. Les dejamos su palabra y pensamiento, que fue originalmente publicado como un panel que se llamó “Pensar el mundo desde Bolivia,” y <a href="https://youtu.be/PZkmNxyDsqY">que puede ser escuchado aquí.</a> Por razones de espacio, transcribimos una versión editada de la ponencia.</em></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter size-large"><img decoding="async" src="/app/uploads/2021/05/palacio-quemado.jpg" alt="" class="wp-image-4937"/><figcaption>Foto: <a rel="noreferrer noopener" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Palacio_Quemado_(Palacio_de_Gobierno)_y_Catedral_Metropolitana_de_La_Paz,_Bolivia.jpg" target="_blank">Rodrigo Achá, Creative Commons</a>, Palacio de Gobierno, La Paz, Bolivia</figcaption></figure></div>



<p>Lo que puedo decir acerca del proceso boliviano lo expuse en un trabajo del 2018 que se llamó <a href="https://rebelion.org/como-se-produce-una-revolucion-de-colores/">“¿Cómo se produce una ‘revolución de colores’?” </a>Ahí estoy mostrando lo que está pasando en el proceso boliviano y por qué iba a fracasar, por qué íbamos a tener una declinación del proceso boliviano. Lo que no sabíamos era qué tan profunda fue la horadación que se hizo al espíritu popular, para que no se replique la insurgencia popular de octubre del 2013.</p>



<p>Por lo general, y esto es una autocrítica que tenemos que hacernos como izquierda latinoamericana, el izquierdismo siempre jura y perjura de que basta una revuelta popular para escribir y afirmar que el socialismo está a la vuelta de la esquina. Sin embargo, han habido insurgencias populares que han terminado en gobiernos que nunca han estado a la altura de lo que el pueblo había producido como hecho revolucionario.</p>



<p>Esto siempre ha llevado a una especie de ortodoxia que Marx (después retoma eso Franz Hinkelammert) lo denomina: “el termidor de la revolución.” Es decir, una revolución empieza con una base profundamente democrática, pero esa base democrática—lo que Dussel llamaría “la potencia”, o sea el poder originario—tiene que determinarse, no puede quedar en la indeterminación. El problema es cuando se determina, es decir, cuando asume una fisonomía determinada, cuando ingresan los profesionales de la política, cuando se ingresa a la forma de gobierno, aparecen quienes horadan esa base democrática popular y empiezan a hacer encajar esa insurgencia dentro de cánones ya establecidos, teóricos, que supuestamente son los que afirman el tránsito inmediato al socialismo.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Y eso es lo que ha fracasado en el siglo XX. Eso es lo que ha pasado en Bolivia porque el sujeto plurinacional que hizo posible el estado plurinacional, lo indígena de este país, perfiló un horizonte que no podía ser reducido ni diluído en el horizonte socialista del siglo XX. Tenía que haberse trascendido ese horizonte, cuyas expectativas son las mismas del capitalismo: el desarrollo y el progreso como motores de una economía del crecimiento.</p></blockquote>



<p>Eso es el capitalismo, es una economía del crecimiento. El socialismo cuando persigue los mismos indicadores del crecimiento como criterios únicos de evaluación económica, cae en replicar los mitos modernos del desarrollo y del progreso, y eso le conduce a no producir socialismo, sino a replicar la posibilidad de que el capitalismo se renueve.</p>



<p>Entonces el horizonte del sujeto plurinacional, estaba perfilando en el llamado Vivir Bien, un nuevo paradigma desde el cual se nos presentaba la necesidad de pensar un nuevo tipo de economía, desde nuevos criterios de evaluación económica—ya no el crecimiento del PIB, etc., sino otro tipo de indicadores que hagan posible la desestructuración de la lógica capitalista—y la actualización de criterios económicos que hicieran posible lo que aquí ya se estaba hablando como <em>economía comunitaria</em>.</p>



<p>Para producir una nueva economía hay dos cosas que la izquierda aquí en Bolivia tampoco somatizó. Primero, la economía capitalista necesita de un marco jurídico que lo haga posible y que lo legitime, y ese marco jurídico es el derecho liberal. Todos nuestros estados están encajonados en el marco liberal que hace imposible cualquier transformación de la economía, porque esa economía está sostenida sobre ese marco liberal que es pertinente única y exclusivamente para desarrollar una economía del capital, del mercado. Es decir, todo el marco jurídico liberal está pensado para amparar, proteger y desarrollar la lógica del capital.</p>



<p>Por eso Marx dice, no vemos las relaciones económicas sino a partir de su espejo, que son las relaciones jurídicas. Esas relaciones jurídicas la izquierda nunca las ha criticado, las ha mantenido. Por eso son gobierno, entran al gobierno, y como dejan incólume el marco liberal del estado, de derecho liberal, del estado-nación, entonces no hallan cómo transformar ese estado porque se someten ellos mismos a un marco que consideran natural. Es decir, hasta la izquierda considera el derecho liberal como derecho natural y el derecho liberal fue impuesto precisamente para desarrollar el capital.</p>



<p>Aquí no se hizo ningún cambio en el marco jurídico. Es más, los abogados, o como aquí decimos los estudiantes de derecho y los de derecho, son los más derechistas porque subjetivan muy bien el derecho moderno liberal, y son los que en la Asamblea Constituyente les decían a los mismos líderes indígenas que lo que ellos querían era imposible ¿Por qué? Porque era “ilegal”. Porque era “inconstitucional”.</p>



<p>Si estábamos cambiando la constitución, estábamos generando un nuevo marco constitucional, estábamos en un ámbito anterior al ámbito de la ley, estábamos en la base misma de la ley, que es el marco normativo constitucional, que es la carta de nacimiento de un nuevo estado. Ahí tenía que haberse pensado un nuevo marco jurídico. Ese marco jurídico aquí lo denominamos como el <em>derecho comunitario,</em> que ya no parte de las <em>robinsonadas</em> del derecho liberal, ya no parte del individuo en tanto individuo. Parte de la comunidad, parte de la Naturaleza como sujeto de derechos y que los derechos humanos se deducen de los derechos de la Madre Tierra. Eso no se hizo, por lo tanto, se pretendió hacer socialismo por el mismo marco jurídico normativo liberal que después de los 80 ahora es neoliberal, o sea es peor, el marco jurídico que ahora se lo denomina como el “lawfare”.</p>



<p>Entonces, con eso pretendieron hacer socialismo la izquierda del gobierno del MAS, y los resultados fueron el desencantamiento paulatino, no solamente de las bases indígenas, de sectores populares, hasta de sectores juveniles. Ustedes se acordarán el episodio del TIPNIS, cómo el gobierno que era el abanderado de la defensa de los derechos de la Madre Tierra, de pronto quería, bajo la lógica del desarrollo a toda costa, prácticamente partir un parque nacional—que además era un parque territorio indígena reconocido por el propio estado nacional—quería partirlo en dos para que se extienda la frontera agrícola. Y eso iba a ocasionar desequilibrios ecosistémicos en esa región, y de esa región dependen las lluvias, la producción de precipitaciones pluviales en los llanos de nuestro país.</p>



<p>En ese lugar hay petróleo pero va a salir más caro porque arriesgando ese ecosistema íbamos a comprometer el futuro de agua potable, de precipitaciones pluviales en los llanos de Bolivia, o sea en todo el sector de la Chiquitanía, de los llanos, de los pastizales, del pantanal, etc. Ahí empezó una suerte de desencantamiento.</p>



<div class="wp-block-image wp-image-3907"><figure class="aligncenter"><img decoding="async" src="/app/uploads/2020/07/tipnis2.jpg" alt="" class="wp-image-3907"/><figcaption>Photo: Indymedia Bolivia</figcaption></figure></div>



<p>La segunda cuestión: para producir una revolución se necesita producir al sujeto que impulse y desarrolle esa revolución, eso significaba la revolución democrático-cultural. El “proceso de cambio” suena demasiado vacío si es que no se introduce este elemento, porque estamos queriendo intentar acá revolucionar a la propia revolución. Es decir, ya no adoptar un concepto que universaliza de revolución, sino proponer un nuevo concepto de revolución desde nuestra propia realidad.</p>



<p>Eso significaba para nosotros que revolución era restaurar la forma de vida—actualizarla en estos tiempos, frente a todo lo que estamos padeciendo, como el cambio climático, etc.—desde el horizonte de vida que nos habían legado nuestros pueblos y nuestras culturas. Es decir, la sustancia profundamente comunitaria como horizonte de vida, como horizonte político. Entonces la revolución democrático cultural significaba una revolución cultural, es decir, una revolución dentro de los patrones culturales, una revolución que interpele definitiva y decididamente a esta clasificación social de un país colonial como Bolivia, que no es solamente una clasificación social—la que sostiene al oligarca en la cumbre de la pirámide y al pueblo llano en la base—sino es una clasificación racializada.</p>



<p>Por eso acá también se perdió de vista desde el ámbito gubernamental que el racismo no es una discriminación más. Aquí se abrió el Viceministerio de Descolonización como un apéndice del Ministerio de Cultura. El Ministerio de Cultura en nuestro país es un ministerio de tercera, ni siquiera es un ministerio de segunda. Pues imagínense dónde arrinconaron al Viceministerio de Descolonización.</p>



<p>Porque entendieron que el racismo es una discriminación como la discriminación a los gays, como la discriminación a la mujer, cuando no se dan cuenta los izquierdistas que detrás de la acumulación originaria que habla Marx en el Capital, el paso lógico de dinero al capital, había una previa acumulación, pre-originaria que es el sacrificio de 100 millones de indios y de afros en el Nuevo Mundo.</p>



<p>Eso ha producido una clasificación antropológica que es el mito fundacional del mundo moderno para hacer aparecer que lo blanco es sinónimo de humanidad y todo lo que no es blanco, es susceptible de barbarie. Por lo tanto, es lo que tiene que «desarrollarse,» lo que tiene que «superarse,» lo que tiene que dejar de ser lo que es, para aspirar a hacer lo que no es. Es el desprecio de uno mismo para admitir en uno mismo que la única posibilidad de hacer algo en este mundo es ser como el dominador. Es decir, el racismo en última instancia es una clasificación antropológica que ha biologizado las diferencias culturales, nos ha hecho parecer que las diferencias culturales no son culturales, son biológicas, son genéticas. Y la ciencia moderna está preñada de ese racismo congénito desde la biología con Darwin hasta las ciencias sociales con el Darwinismo social, etcétera.</p>



<p>Es decir, toda la ciencia moderna y la filosofía está plagada y preñada de los prejuicios modernos que han hecho del racismo su mito fundacional para legitimar única y exclusivamente el mundo moderno como el único posible, como el único deseable. Y a nuestros mundos de la vida los han hecho mostrar como si fuesen imposibles, como si fuesen algo del pasado.</p>



<p>Uno de los autores que son clave para entender la literatura argentina (como yo soy escritor, mucho me he vinculado a la literatura), Ezequiel Martínez Estrada, es uno de los más grandes escritores argentinos, amigo personal del Che Guevara, es más, el primer embajador de Argentina en la Cuba revolucionaria. En su libro <i>Radiografía de la pampa</i>, él mismo, siendo de izquierda revolucionaria, dice que el indio no tiene futuro, que del indio no se puede esperar nada. Dice en<i> Radiografía de la pampa,</i> el indio es pasado intransitivo, pretérito intransitivo, es decir, no tiene ninguna posibilidad de ser actualidad. Imagínense que Domingo Faustino Sarmiento piense eso, ya, le perdona porque es un facho de derecha, pero que Ezequiel Martínez Estrada piense eso, uno de los maestros de generaciones de escritores de izquierda, piense eso, eso nos muestra que la izquierda en Latinoamérica también es profundamente racista.</p>



<p>En el 2006 aquí se reunieron en la vicepresidencia líderes de pueblos indígenas de Latinoamérica y ellos dijeron: la izquierda Latinoamericana no tiene identidad. Eso fue lapidario. Pero hay quienes que poco a poco fueron desplazando al sujeto plurinacional de las decisiones estatales, con sujeto sustitutivo, que lo encarnó el vicepresidente García Linera. Mientras él andaba en su círculo académico por todos los países de Latinoamérica promoviendo el proceso de cambio boliviano, aquí en Bolivia, él estaba desplazando definitivamente al sujeto plurinacional, y él se pone como sujeto sustitutivo, raptando el poder de decisión.</p>



<p>Es decir, desde que acabó la Asamblea Constituyente, y en plena Asamblea Constituyente, este sector lo que acá se llama el círculo <em>q´ara</em>, el círculo blancoide que rodeaba al Evo, desplazó al sujeto plurinacional e impuso una agenda. Esa era una agenda que estaba raptando la revolución democrático-popular, como una nueva aventura socialista de la izquierda del siglo XX. O sea, ni siquiera una izquierda actualizada, en la panorámica de un mundo en transición civilizatoria. Esa izquierda seguía con los prejuicios del siglo XX del mundo bipolar, y ni siquiera habían transitado el mundo unipolar, peor al mundo tripolar que estamos viviendo ahora.</p>



<p>Por eso no tenían lectura geopolítica, no sabían qué era una revolución de colores, no sabían qué era un golpe blando, no sabían qué eran las guerras de quinta generación. Por eso tenían que haber transformado estructuralmente al ejército y a la policía, y no lo hicieron. Es más, los suboficiales del ejército le presentaron al compañero Evo un proyecto de descolonización de las fuerzas armadas, y el mismo presidente archivó esa propuesta. Creyeron que, coaptando el poder político a la manera del centralismo estalinista, podrían eventualmente comprar a quien y quienes quisieran, y de ese modo imponer su proyecto político, haciéndonos creer que era el único posible.</p>



<p>Entonces, poco a poco, los líderes indígenas fueron limpiados del gobierno y los únicos que empezaron a tomar las decisiones fueron los invitados de este sector blancoide, de una izquierda desactualizada y anacrónica, que creía que estaba viviendo el ‘52. O sea, lo que hizo este gobierno que, déjenme decirlo, es el mejor gobierno que ha tenido Bolivia en toda su historia, eso sin lugar a dudas, ha producido la mayor inversión pública en carreteras, escuelas, hospitales, en todo. Nadie va a poder decir que el compañero Evo entró a robar, eso es una leyenda urbana que se ha inventado la derecha para desprestigiar su imagen. El problema es que eso que hicieron, que no está mal, que está muy bien, era algo que se podía esperar de un gobierno nacionalista y revolucionario de 1952. Ahora, una izquierda actualizada tendría que haber producido una transformación estructural del estado, no simplemente hacer funcionar bien este estado liberal.</p>



<p>El mismo canciller Choquehuanca lo admitió, alguna vez nos dijo en una conferencia pública: lo que estamos haciendo nosotros, decía, estamos administrando muy bien el estado neoliberal, nada más. Cuando no se tiene perspectiva y no se tiene un horizonte clarificador, el político se remite a lo que hay, nada más, se convierte en reformista. Por quedarse en el poder empieza a pactar con grupos de poder. Y aquí hay que recordar a René Zavaleta Mercado, él decía: la oligarquía tiene un juramento de superioridad que nunca va a negociar, puede negociar cualquier cosa menos el juramento de superioridad sobre el indio. Jamás va a consentir que el indio se considere su igual.</p>



<p>Por eso han aguantado al Evo, por quedarse en el poder, por seguir haciendo lo que llamamos el obrismo, por seguir generando infraestructura, por seguir trabajando, por generar un estado soberano, etcétera. La cúpula empezó a pactar con los grupos de poder oligárquicos de acá y les empezó a mimar, incluso al ejército y a la policía, y miren cómo les han pagado.</p>



<p>Es decir, el pueblo salió en defensa del Evo, pero ese pueblo que salió en defensa del Evo, no fue el sujeto al cual el gobierno dio las mayores preferencias. Imagínense, aún el pueblo—que tampoco se vio reflejado en una transformación económica, favoreciendo a los sectores más marginados—ellos salieron en defensa del Evo y del gobierno del MAS. ¿Quiénes le hicieron el golpe de estado al Evo? Los sectores que él mismo mimó demasiado en toda su gestión.</p>



<p>Por eso yo a veces me ponía molesto cuando en Argentina los recibían toda la izquierda, la CLACSO, la FLACSO, todos los aplaudían. Básicamente les estaba diciendo, señoras y señores, nuestras ideas no están mal, están funcionando en Bolivia. Y fíjense lo que ha pasado por seguir insistiendo en los dogmas que la izquierda del siglo XX vio como fracasos históricos. Nuestro proceso que muchos llaman el más genuino de Latinoamérica en los últimos tiempos, se destruyó. Esto es motivo para que no solamente en Bolivia sino en Latinoamérica se repiense el asunto de cuál es el horizonte más genuino y verdadero que podrían proponerse, incluso los socialistas.</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Entonces, el horizonte que se propusieron los del gobierno, es el mismo horizonte que la izquierda nunca criticó a lo largo del siglo XX, y que es el sostén cultural y civilizatorio del capitalismo, es decir, la modernidad. Por eso han fracasado y ahora vuelven a intentar y agarran el discurso indigenista solamente de modo demagógico, de modo declarativo, pero en el fondo no creen en eso.</p></blockquote>



<p>Por eso el desencantamiento horadó la legitimidad del gobierno poco a poco. Mientras más el gobierno iba perdiendo el discurso, iba perdiendo el horizonte del Vivir Bien, de la descolonización, del estado plurinacional, su legitimidad iba decreciendo, paulatinamente la gente iba desencantándose. ¿Y a dónde iba esa legitimación? Al empoderamiento de la derecha.</p>



<p>Por eso, aquí se estaba preparando una revolución de colores y el gobierno no se daba cuenta. No se daba cuenta que cuanto más abandonaba el horizonte indígena popular, más le daba argumentos a la derecha para que el fascismo retorne a Bolivia. Estaban demasiado ensoberbecidos, creían demasiado en su infalibilidad y creyeron que comprando a los militares y a los policías tenían asegurado el poder, y miren lo que ha pasado. Cuanto más el gobierno perdía legitimidad, cedía esa legitimidad y la transfería, muy a su pesar, a la derecha que se estaba empoderando paulatinamente. El racismo congénito de una sociedad colonizada como la boliviana empezó a ebullir.</p>



<p>La clase media siempre ha sido la base del reclutamiento de la oligarquía, el fascismo es una ideología pensada para clases subalternizadas que ven como único horizonte de vida el ascenso social, a toda costa. En sociedades como la nuestra, ese ascenso social es racializado también: el blanqueamiento cultural es una opción de vida que lo asume el subalternizado. Como dice Frantz Fanon, tiene piel negra, pero ahora usa máscaras blancas.</p>



<p>Entonces, poco a poco, el gobierno del MAS mientras fue cediendo hasta discursivamente las potencias originarias del horizonte plurinacional, estaba cediendo y transfiriendo esa legitimidad a la derecha. De pronto mientras la derecha estaba empoderándose y estaba creciendo como democrática, el pueblo iba vaciándose de ese espíritu revolucionario y espíritu vocal, y en vez de que el gobierno de nuevo haga la unción democrática al pueblo, las últimas alocuciones del Evo y del Álvaro fueron profundamente y decepcionantemente tecnocráticas. Es decir, para ellos la política ya había dejado de existir y lo único que les viene en sus discursos era la aplicación de transferencias de tecnología para impulsar el desarrollo económico nacional, sin política. Por eso estaban apuntando básicamente a una implantación tecnológica importada que iba a costar mucho a Bolivia, pero que en el fondo era la suplantación definitiva, de cualquier desarrollo.</p>



<p>Por ejemplo en el agro, paulatinamente el gobierno fue poniendo financiamiento a opciones de industrialización del campo, pero no daba ningún tipo de créditos ni tampoco le interesaba ya promover la cultura campesina comunitaria familiar. Y porque hasta los propios dirigentes campesinos, empezaron a ver con buenos ojos la introducción de semillas transgénicas, porque impulsa el desarrollo en términos agroindustriales. ¿Y qué hay de la producción comunitaria campesina? ¿Qué de este marco tecnológico abandonado y nunca actualizado de experiencias que perviven pero en las peores condiciones?</p>



<p>Por ejemplo, los <em>suka kollus</em> que se llaman acá, son una forma de sembradío en el altiplano que genera una muy buena cantidad de humectación al medio ambiente, que hace posible producciones extraordinarias. Eso hay como experiencia y se realiza en la actualidad pero sin ningún patrocinio estatal.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="aligncenter"><img decoding="async" src="/app/uploads/2020/07/suka-kollus.jpg" alt="" class="wp-image-3903"/></figure></div>



<p>Pero cuando se trataba de experiencias de tecnificar el agro, en los términos agroindustriales, eso sí el gobierno del Evo apostaba a eso, invertía. ¿En favor de quién iba a todo eso? De los sectores oligárquicos de la CAO, de la Corporación Agrícola del Oriente, que básicamente son los magnates que manejan la producción de soya a nivel nacional, y que está metida por componente accionario hasta Monsanto, por que son capitales brasileños que se mezclan con capitales bolivianos, y por detrás está Monsanto. Eso nos muestra cómo cuando desaparece esa cuestión que aquí denominamos lo sagrado de la política, el horizonte indígena popular, esa restauración de la forma de vida de nuestros ancestros, lo único que le queda al político es el mero cálculo crítico de la mantención del poder, y en eso degeneró el asunto acá en Bolivia.</p>



<p>En las dos últimas elecciones la gente estaba tan desencantada porque estaba viendo cómo se iba proponiendo al dedo a diputados, senadores, ministros, etcétera, que nunca habían peleado por estas cosas, nunca habían dado la cara por ellos. Es más, muchos de ellos estaban en contra del proceso y, sin embargo, aparecieron como diputados, como senadores, como ministros, viceministros, de la última gestión del compañero Evo. Mucha gente cuando vio la asonada fascista, de la clase media racista-urbana en este país, tampoco salió en defensa de algo que decía: está perdido esto.</p>



<p>El problema fue el pueblo llano, como decimos los de abajo, los que sí entendieron que en política la persona no es solamente la persona, sino lo que representa la persona. Ellos se veían a sí mismos reflejados en el Evo, por eso ellos fueron los que salieron después del golpe y se hicieron masacrar en Sacaba, en Potosí&#8230; Ellos fueron los que dieron el pecho. Y la clase media, la población urbana no salió porque uno, el desencantamiento; segundo, la inflamación de un fasicsmo travestido de formas democráticas cuando nada más era la escenografía autóctona de una revolución de colores, aquí le llaman la “revolución de las pititas”. Entonces previo a esto ya sabíamos que esto iba a acabar mal, los artículos que escribimos el año pasado, sobre, por ejemplo, <a href="https://awasqa.org/bolivia-la-solucion-por-el-desastre/">“La solución por el desastre”</a> ya hablamos que aquí la cosa iba a ser un baño de sangre demasiado costoso, y que ya no podía ser analizado desde una visión política solamente. Aquí estaba en juego otra cosa.</p>
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		<title>Bolivia: La solución por el desastre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Rafael Bautista]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Nov 2019 19:23:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Decolonizando el Pensamiento]]></category>
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					<description><![CDATA[Nota: Awasqa tiene el honor de compartir el artículo del escritor, filósofo y director del Taller de la Descolonización boliviano, Rafael Bautista, autor del libro “El tablero del siglo XXI. Geopolítica des-colonial de un orden global post-occidental”. Queremos difundir su pensamiento, con algunas puntualizaciones. Primero, fue escrito antes de que el Tribunal Supremo Electoral de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><em>Nota: </em></strong><em>Awasqa tiene el honor de compartir el artículo del escritor, filósofo y director del Taller de la Descolonización boliviano, Rafael Bautista, autor del libro </em>“El tablero del siglo XXI. Geopolítica des-colonial de un orden global post-occidental”<em>. Queremos difundir su pensamiento, con algunas puntualizaciones. Primero, fue escrito antes de que el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia decretara que no habría segunda vuelta electoral. Desde entonces se han dado bloqueos de carreteras y llamados de una “elección ilegítima” por la oposición, rechazando una posible auditoría de los resultados, así como marchas multitudinarias en apoyo de Evo Morales. En Awasqa creemos que la elección de Evo Morales en 2006, representó un hito en la historia de Bolivia, como el primer Presidente indígena en un país con una histórica inequidad social, cultural, económica, política, educativa y racial. Su elección en el 2006 sin dudas representó un giro político de poder decolonial muy importante para los pueblos indígenas.</em></p>
<p><em>Rafael Bautista presenta una importante crítica a la política desarrolista extractiva del gobierno Evo Morales, y habla también de la derechizacion de ciertos sectores intelectuales de izquierda boliviana. En Bolivia siempre ha existido un racismo sistémico, actualmente exarcebado por la confrontación post-electoral. Rafael Bautista advierte sobre la negación del “otro”, la falta de un verdadero proyecto político y el racismo como posible detonante de una guerra civil. Su pronóstico ya se ve reflejado en las actuales confrontaciones.</em></p>
<p><strong>Publicado originalmente en <a href="https://www.bolpress.com/2019/10/24/bolivia-la-solucion-por-el-desastre/">Bolpress</a></strong></p>
<p>La “solución por el desastre” nunca ha sido solución para nadie. Ni siquiera para quienes la promueven (que nunca están sólo de un lado). Éste es el radicalismo funcional a intereses que sólo se manifiestan cuando el desastre se consuma y delata una lógica no calculada por los tontos útiles: “no nos interesa el desastre sino cuántas ganancias nos genera el desastre”.</p>
<p>La promoción de un contexto infernal en un país polarizado, se inició con el incendio de la Chiquitanía. Aquello, que debió servir como alerta simbólica –en lenguaje telúrico– fue infelizmente instrumentalizado por el cálculo político más siniestro.</p>
<p>La lluvia no apareció por casualidad sino para enseñar algo que no se supo aprender (ni en el gobierno ni en la oposición): el conflicto no se iba a superar atizándolo más sino purificando la beligerancia. Ceder es entender. El beligerante cree que sólo él tiene la razón. Pero todo conflicto es entre dos y ninguno es inocente del todo. Sólo cuando se acepta la responsabilidad mutua, la política se hace efectiva; lo contrario nos lleva a la guerra, donde cada uno pelea por imponer su propia versión: el triunfo lo decide la fuerza, no la razón.</p>
<p>En ese sentido, la “contienda” electoral –ya contaminada por el odio fermentado– se fue haciendo literal. No sólo la oposición usó los cabildos premeditadamente para inflamar el contexto post-electoral sino también el gobierno, en su autismo habitual, no supo revertir una situación que se perfilaba como un típico callejón sin salida. Las encuestas previas no sólo confirmaban el desgaste de la candidatura oficialista sino la apuesta que la oposición barajaría como el argumento perfecto: segunda vuelta o fraude. La actual consigna de “defensa del voto”, no fue un producto espontáneo sino un recurso discursivo idóneo para manipular el “espíritu democrático” raptado ya por la derecha.</p>
<p>Hagamos un poco de historia. Desde que aparece el “sistema democrático” como fetiche institucionalista, el voto se ha constituido en la única mercancía admitida por la cosmogonía imperial. Ni el “proceso de cambio” pudo superar este diseño político (que lo produce la Comisión Trilateral en 1970), porque cuando se confunde liberación e inclusión, se acaba subsumiendo las expectativas de transformación en la subordinada adecuación al orden imperante. Pero esto no cualifica lo democrático de una real democratización de una sociedad, sino más bien funcionaliza todo proceso de democratización a las necesidades institucionalistas de la reposición de un orden diseñado precisamente para hacer imposible una democratización plena.</p>
<p>Foto: Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia “Bartolina SisaPorque si de “demos” hablamos, la concepción aristocrática (que hoy la representa la mitología gringa de la democracia), entiende por ese concepto la representatividad que pelean únicamente los grupos con “poder de negociación”. Se diseña un concepto de democracia como “sistema institucional”, es decir, como mecanismo ideal de funcionamiento perfecto; por eso quienes se creen esto (y se promueven como analistas) acaban en la religiosidad institucionalista de preservación del orden establecido. La democracia acaba siendo la instauración de un orden que puede prescindir de sujetos. Consagran la inercia institucional por sobre las decisiones humanas, por eso imaginan un orden divino que les hace actuar como perfectos inquisidores cuando ese orden se encuentra amenazado. La democracia se vuelve un fetiche que, inevitablemente, exige sacrificios humanos (ese es el neoliberalismo, que promueve una demonización del Estado para impedir cualquier tipo de intervención al orden divino llamado mercado).</p>
<p>Pero una democracia sin sujetos no tiene sentido, porque ello significa privilegiar al “kratos” a costa del “demos”, o sea, el poder a costa del pueblo. Por eso entienden al “demos” sólo como grupos con poder de negociación, es decir, el “demos” se convierte en grupos corporativos que buscan su empoderamiento; en esa operación aparece la posibilidad del prebendalismo como cultura política; por eso también acaban los politólogos sólo como administradores de gobernabilidad y hacen de la “ciencia política” una mera gestión pública. Ya no piensan al sujeto, es decir, al ámbito esencial de toda política y toda democracia: el pueblo. Reducen al pueblo al voto. Las consecuencias prácticas son la consagración de un acto, cada cinco años que, como un acto religioso, se convierte en una “pascua democrática” donde toda la sociedad se inclina ante el becerro de oro del plebiscito.</p>
<p>Pero el voto se puede manipular y hasta comprar (y hasta desconocerlo) y ello comprueba el fetichismo, en cuanto encubrimiento sistemático de lo esencial de la democracia, reducida a mero “sistema democrático”. Pues bien, cuando se cae en esta cosmogonía, incluso con retóricas pretensiones de liberación, no se democratiza nada sino simplemente se restaura las condiciones favorables para hacer expedita la inercia del sistema institucional, es decir, del orden instituido. Eso que se tenía que cambiar acaba domesticando a los revolucionarios y a la revolución. El pueblo sólo sirve para sacarlo como rebaño cada cinco años para avalar lo ya decidido en la negociación previa con los grupos de poder.</p>
<p>Entonces la política se define por los grupos de poder a los cuales admito y esto también define las apuestas que uno se propone. De ese modo, el pueblo desaparece de un proyecto hasta revolucionario y el mismo proyecto se reduce a una mera mantención del poder como único horizonte político. La corrupción no empieza robando dinero público sino desconociendo a la soberanía real del poder –o sea el pueblo– y poner al poder delegado como único poder.</p>
<p>Eso ha pasado con el “gobierno del cambio”. Incluirse al orden imperante y su sistema institucional le lleva también a apostar por los mitos que sostienen al propio capitalismo: el desarrollo y el “progreso infinito”. Por eso también restituye las condiciones para impulsar sólo y exclusivamente una “economía del crecimiento” (que es lo que precisamente entra en contradicción exponencial con las condiciones finitas de la naturaleza). Y eso significa la modernización acelerada como proyecto de vida; en ese sentido, el horizonte indígena alternativo, como el “vivir bien”, ya no tiene sentido y, de ese modo, la propia izquierda derechiza sus propias opciones, porque empieza a restaurar las condiciones que hacen posible únicamente el desarrollismo que precisa una economía que se propone emular la riqueza del primer mundo (y de ese modo restaura también las condiciones que promueven la desigualdad necesaria para el desarrollo como programa de vida).</p>
<p>Por eso las banderas de lucha ahora se trasfieren como “significantes vacíos” al mejor postor que, además, le puede ya poner cualquier contenido, hasta el opuesto. El pueblo se queda sin el aura de liberación y todo por lo que había luchado ahora ya no le pertenece sino que se le es sustraído como una bandera que todos se reparten promiscuamente (hasta la derecha más perversa).</p>
<p><figure id="attachment_2536" aria-describedby="caption-attachment-2536" style="width: 1024px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-2536 size-large" src="/app/uploads/2019/11/MarchaDefensaEvo-Bolivia-1024x576.jpg" alt="Foto: ABI" width="1024" height="576" /><figcaption id="caption-attachment-2536" class="wp-caption-text">Foto: ABI</figcaption></figure></p>
<p>Por eso el voto puede hacerse un recipiente idóneo donde se vacía el desencanto, pero ya mezclado con el odio y el racismo de un discurso señorialista que puede ahora cosechar para su beneficio el abandono que hace el propio gobierno de las banderas populares. Es por la transferencia de legitimidad, que la produce el “gobierno del cambio”, que la oposición de derecha se unge de espíritu democrático. Es decir, el famoso “empate catastrófico” del vicepresidente no es un dato objetivo sino algo producido por la propia perdida de sentido de referencia utópica del proyecto político gubernamental.</p>
<p>De ese modo, el voto anti-Evo y anti-MAS es la decantación del racismo señorialista que, por legitimación transferida, puede ahora convocar a todos los desencantados a su favor y funcionalizarlos para justificar una total derechización de la democracia. Ahí aparece Carlos Mesa para repetir la historia y, justo, en octubre.</p>
<p>En octubre de 2003, el pueblo, en “estado de rebelión”, pudiendo deponer el orden colonial instituido, delega esa responsabilidad a quien precisamente se encargó de restituir ese mismo orden. Mesa era el candidato de la embajada gringa para reponer el “sistema democrático” (su viraje –apartarse de Goni– se entiende por ese aval). Es más, se puede decir que, gracias a Mesa, es que hay un Evo.</p>
<p>Si sólo cumplía con limpiar la corrupción en el Estado, se legitimaba hasta la cultura política liberal (que tanto elogia su idiosincrasia colonial) y nadie hubiese pensado en refundar el Estado. Hoy vuelve para acabar una tarea inconclusa: terminar con la soberanía nacional. Esa es la “solución por el desastre”. Así empieza una “revolución de colores” y todo indica que la región misma está ya en condiciones de reeditar la famosa “primavera árabe” y producir una Siria extendida en todo el arco sudamericano.</p>
<p>Jugar con fuego es fácil y eso se demostró en la Chiquitanía; como no aprendimos, ahora se sigue jugando con fuego, pero ya no en el campo sino en las ciudades. La oposición reclama haber sido ignorada en el referéndum del 21-F, pero ahora ella misma ignora a la otra parte del país. Parece un conflicto de pareja, donde ambos quieren ser escuchados pero ninguno quiere escuchar. Ninguno puede negar al otro polo. La descalificación no es algo que produzca una superación del conflicto, sino exacerbarlo; por más que se diga que el voto es sólo contra el Evo, lo que él representa es una parte innegable de lo nacional históricamente excluido y, aunque estuviesen ciegos –lo cual también es imputable a la oposición–, no se puede desconocerlos. Eliminar al otro es el costo más caro que lo pagan todas las generaciones.</p>
<p>La “solución por el desastre” es idónea para una geopolítica que promueve un infierno encubierto como “recuperación democrática”. La triangulación no es casual. Bajo el paraguas de insurrección popular en Ecuador y Chile, en Bolivia se identifica de modo mecánico las protestas con un levantamiento popular, sirviendo de justificativo para que hasta la OEA ya rumoree con aplicar la Carta Democrática en nuestro país. La identificación entonces debiera hacerse con Venezuela. Y si Mesa se “autoproclama” al estilo whitedog-Guaidó entonces el cuadro se completa: las protestas buscan provocar al gobierno para usar sus aparatos coercitivos y tener muertos para aplicar la carta decisiva de una “revolución de colores”: el “golpe democrático”.</p>
<p>Desde el golpe en Honduras, pasando por la destitución de Lugo en Paraguay y Dilma en Brasil, ya se sabe cómo derrocar un gobierno “democráticamente”. Y decimos implosionar porque una “revolución de colores” precisa que el propio gobierno genere la transferencia de legitimidad para que la oposición sea la depositaria única de lo democrático; es decir, es el propio gobierno el que da los mejores argumentos para vaciar al propio pueblo del espíritu del cambio y trasladar éste a los contingentes de reserva sobre todo clasemediero que activa el discurso señorialista.</p>
<p>Ya circulan testimonios al interior del propio gobierno donde se advierte un proceso de derechización que atraviesa ámbitos de decisión que trabajan en contra del “proceso de cambio”; lo cual no es raro, cuando los últimos acuerdos, que se promocionan desde adentro, ya no tiene como interlocutores a sectores populares sino a grupos de poder, como es la agroindustria de Santa Cruz.</p>
<p>En Bolivia se habría dado algo inédito a nivel mundial: “los lobbies cabildean e influyen con operatividad popular”. Los agroindustriales del oriente, ligados a la mayor agrupación patronal como es la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente), se acercan al presidente mediante dirigentes campesinos (los cuales son promovidos en la propia CAO, a la cual también coquetean actores del gobierno, como el vice y algunos ministros). Esto ya supone un pacto que manifiesta una contradicción en los procesos pretendidamente revolucionarios: el aburguesamiento del campesino sucede porque la izquierda gubernamental, crédula de los mitos que promueve el capitalismo, promueve un ascenso social de los pobres, que acaba constituyéndolos en capitalistas potenciales.</p>
<p>De ese modo todos acaban luchando por sus propios intereses particulares y ya nadie se acuerda del bien común. Esta derechización en la propia base social del gobierno hace que el pueblo desaparezca como actor de liberación y se constituya en competidor del poder espurio. Ya no se hace sujeto, es decir, ya no aparece como la encarnación de la nueva forma de vida que era precisamente el modo potencial de su entrada en la historia.</p>
<p>La Chiquitanía era una llamada de atención de la propia PachaMama. Y no sólo al gobierno sino al “modelo productivo” que encarna la agroindustria cruceña; el famoso “modelo camba” que ostenta la “locomotora del país” en la mayor feria de negocios de Bolivia: la Fexpocruz. Toda la vida social y hasta cultural de Santa Cruz gira alrededor de esta feria (por eso todo es farándula, o sea, exitismo, en la vida cruceña citadina que, a la hora de rasgarse las vestiduras por la quema de la Chiquitanía, nunca cuestiona el origen de esa riqueza que tanto festeja su sociedad).</p>
<p>El incendio de la Chiquitanía fue funcionalizado hábilmente para activar el sentimiento anti-colla, o sea, anti-indio, mas nunca para poner en tela de juicio ese propio “modelo productivo” basado también en el más crudo extractivismo. Ahora esa tierra, después de la quema, está lista para la introducción del monocultivo extensivo de soya, sorgo, maíz (además transgénicos) para alimentar la producción de etanol; pero la confluencia de intereses de los grupos de poder de Santa Cruz trasladan la culpa del incendio a los colonizadores del altiplano para, de ese modo, dejar intactos sus intereses y poder, por mediación del cabildo, lavar su responsabilidad (pues son las familias cruceñas más adineradas, entre ellos los Kuljis y los Monasterios –dueños de Red UNO y UNITEL–, los que poseen millones de hectáreas disponibles para el etanol en las tierras quemadas).</p>
<p>El cabildo de Santa Cruz, de ese modo, ya señalaba una direccionalidad que la siguieron los cabildos de La Paz, Cochabamba y Potosí, pues no se trataban sólo de protesta social sino de una curiosa amalgama de agendas claramente antigubernamentales que, desde el reclamo de federalismo hasta la llamada al paro indefinido, reponían el único programa de gobierno que la derecha toda pudo articular: sacar a Evo, sea como sea (activando el racismo anti-indio, como quedó demostrado en las movilización actuales de la oposición).</p>
<p>En ese contexto, los estrategas y los operadores políticos del gobierno, acostumbrados al ninguneo, no han sabido restituir ningún tipo de confianza, sobre todo en un Órgano Electoral plagado de desaciertos en su proceder. Desgraciadamente, esta autosuficiencia e infalibilidad, que la ostenta siempre el vicepresidente, ha sido la peor muestra de indiferencia ante lo que iba a suceder post-elecciones. El callejón sin salida en el que se encuentra metido el gobierno y al cual ha arrastrado al propio pueblo, requiere decisiones inmediatas que, ante el mundo, demuestren un auténtico afán de ya no transferir argumentos que los funcionaliza la derecha para favorecer un conflicto mayor con una probable cara de guerra civil.</p>
<p>Lo primero debiera consistir en la renuncia magnánima a un triunfo demasiado cuestionable y aceptar una segunda vuelta (incluso si se hubiese consolidado el margen del 10%). Es hora de ceder, porque ceder es entender, pasar del mero sentimiento a la razón. No se está en las mejores condiciones de imponer un triunfo que será resistido hasta de modo insensato; además ya no se puede seguir brindando argumentos a la derecha para que aglutine más sectores en un sentimiento anti-MAS, que se está traduciendo en un racismo anti-indio, reavivando el señorialismo citadino que en estos trece años no se ha sabido entender y menos superar.</p>
<p>A las bases del MAS (que no confundamos con el gobierno) tenemos que señalarles: si se puede traducir derrotas en triunfos, ésta es la mejor oportunidad para –si se quiere asegurar el triunfo en una segunda vuelta– condicionar el voto mediante un “reencauce del proceso de cambio”. Nadie desconoce en el MAS, sobre todo en las bases –que son los que en definitiva dan la cara y dan el pecho en las calles–, que el gobierno se ha llenado de advenedizos que han desvirtuado las banderas del proceso y están poniendo en riesgo la propia viabilidad democrática.</p>
<p>El llamado circulo blancoide o “q’ara”, desde el gasolinazo y el TIPNIS, ha venido desgastando la figura de su líder hasta inmolarlo inútilmente el 21-F. Ahora puede que se les ocurra exponerlo a la defenestración y, con ello, se estaría arriesgando la propia estabilidad que era la envidia de los países vecinos. Si el presidente Evo diera muestras reales de un necesario viraje en los asuntos trascendentales que ya han desgastado demasiado su propia imagen, podría asegurar, para desconcierto de la misma oposición, un nuevo mandato y culminarlo por la puerta grande (si eso hacía antes del referéndum, como ya sugerimos, hubiese ganado holgadamente).</p>
<p>Lo otro significa allanar el ascenso de la derecha, para que en menos de seis meses, destruya toda nuestra economía como hizo Macri en la Argentina. Pero el pueblo boliviano no es el argentino y aquí un gobierno neoliberal no pasaría de medio año; las conquistas populares y los logros avanzados son ya sentido común y el pueblo no va a renunciar a ninguno de estos. Los irresponsables escribanos radicales de izquierda no se dan cuenta de que, por ensañarse contra el Evo y apostar por Mesa, porque sería “fácil de sacarlo”, significa la guerra civil (jugar con la vida de otros es fácil).</p>
<p>Es curioso que hoy, desde sectores medios, sobre todo “intelectuales transgénicos” (porque antes la universidad producía “intelectuales orgánicos” y ahora, bajo la bandera de la “autonomía”, hasta sostiene rectores con inútiles afanes presidencialistas) que postulan a Mesa, aparecen los mismos que promovieron, directa o indirectamente, a la figura romántica del académico-guerrillero como el complemento del primer presidente indio; porque herederos del usufructo señorial hasta del poder de enunciación discursiva, nunca supieron cuestionar su autopercepción señorialista que los constituye en elite aparente.</p>
<p>Ahora, en vez de hacerse la autocrítica, optan simplemente por cambiar de “delfín”. Critican al caudillo pero apuestan por otro caudillo, ahora “ilustrado”. Mientras descargan su propia responsabilidad en la inculpación sañuda al “matemático” y no le perdonan nada, no dicen nada del improvisado historiador que tampoco ostenta título académico y cuyo mar de conocimientos nunca ha pasado de los 10 cm. de profundidad (sólo a un inútil se le ocurriría pedir un voto útil). Su vergonzosa presidencia fallida es la muestra fehaciente de aquello; la cual ya decanta de modo anticipado un desenlace trágico de lo que sería su gestión, donde no vaya a sermonearnos, cada día, entre renuncia y renuncia, desde su balcón, como Evita, entonando su “don’t cry for me Bolivia”.</p>
<p>Acaba de meter la pata (y descubrir su subordinación a un libreto ya conocido) el máximo dirigente del Comité Cívico de Santa Cruz, Luis Fernando Camacho, para beneficio del gobierno, reafirmando la constante de la imbecilidad de la derecha boliviana: acaba de proclamar, ante cámaras y ante su público, que Mesa se podría “autoproclamar” como presidente en Santa Cruz (también a Goni, después de los 80 muertos en El Alto, el actual gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, le invitó a gobernar desde Santa Cruz, en octubre de 2003), al más puro estilo gringo en Venezuela. No vaya a ser que también proclame el cívico cruceño que whitedog-Guaidó sea el representante “boliviano” ante el Imperio en decadencia vertical y que Corina Machado sea la primera dama boliviana.</p>
<p>La Paz, Chuquiago Marka, Bolivia, 22 de octubre de 2019</p>
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